03.24.11

Pánico!!

Posted in General at 16:00 por Frau F

He soñado este sueño tantas veces, que después de haberlo soñado anoche por enésima vez, creo que es digno de ser escrito.

Estoy en la casa de mis abuelos en una parcela cerca de Calera de Tango. Mi casa está dentro de la misma parcela pero a unos 200 metros de distancia de la de mis abuelos. Estoy estudiando en la mesa del comedor, como siempre hacía cuando estaba en la universidad. Veo la mesa llena de mis libros y mis fotocopias. Un gran “desorden ordenado” de papeles.

Escucho a mis abuelos en su dormitorio conversando y viendo televisión. Pero no los veo.

Es de noche. Las cortinas de las ventanas están abiertas y hay un cielo muy negro de invierno afuera. Adentro, la casa está iluminada y calefaccionada; hay una agradable sensación de calidez y seguridad.

Miro la hora en el reloj de mi celular, son casi las 22:00 hrs. Pienso que ya debería irme a mi casa y dejar de estudiar; sé que tengo que irme a mi casa y dejar de estudiar, pero no quiero hacerlo. No quiero irme a mi casa. Me carga mi casa. Siempre está oscura, fría, sola, sucia, como abandonada.

Empiezo a angustiarme porque me tengo que ir, no hay opción. Dejo de estudiar. Me paro y ordeno mis cosas; las tomo con los dos brazos porque son muchas y salgo de la casa de mis abuelos hacia mi casa sin despedirme de nadie. Sólo salgo.

Tengo que caminar la distancia entre las dos casas pasando cerca de unos árboles de damasco que en pleno invierno y de noche hacen unas sombras fantasmales. No hay una sola luz en el camino y mi casa está también completamente oscura. De hecho no la veo. Sé donde está, pero no la veo.

Tengo la certeza de que alguien me está mirando, sé que mi papá me está mirando, pero yo no puedo verlo a él.

Cada vez más asustada, con el corazón saltando, la respiración agitada y con pasos muy acelerados, sigo caminando hasta mi casa. El camino se me hace infinito.

Llego a mi casa. Sé que mi papá está muy cerca, pero no lo veo. Entro por la cocina y sin prender ninguna luz camino por la casa hacia mi pieza (un clásico de las películas de suspenso). Mi pieza es la última de la casa y mi casa es bastante grande. Atravieso el pasillo, la pieza de mi papá, la sala de estar, la pieza de mi hermana, después la de mi hermano, todo 100% a oscuras, no logro ver nada (pero no atino a prender ninguna luz) sólo siento la presencia de mi papá muy muy cerca, sin poder verlo. Y estoy aterrada, ya casi paralizada de miedo. No quiero que me encuentre.

Después de lo que parece una vida entera, llego a mi pieza, cierro la puerta con llave y me apoyo en ella. Al fin respiro tranquila; logré llegar a mi pieza, encerrarme y mi papá no me encontró. Dejo mis libros en el suelo, prendo la luz y lo veo. Mi papá estaba esperándome adentro!!

05.14.09

No me gusta estar sola

Posted in General at 17:24 por Frau F

Estoy de viaje con mi marido; estamos en Brasil y después vamos a seguir camino hacia México.
En Brasil coincidimos con muchos familiares; estamos todos en la terraza de una casona antigua, conversando y riéndonos. Mi mamá también está presente.
Me piden que por favor caliente una pizzas para el almuerzo; entro a la cocina y trato de calentar las pizzas. Con mi torpeza para la cocina me demoro mucho en el proceso: ordeno las pizzas en el mesón, las aliño, las decoro con tomates, intento prender el horno, etc. y el tiempo va pasando; siento que pasan horas y me voy angustiando, quiero terminar lo que me pidieron para volver a la terraza donde están todos,  pero no lo logro.
Finalmente me rindo; me declaro incapaz de calentar las pizzas; salgo a la terraza a pedirle ayuda a mi mamá, y a penas pongo un pie afuera, alcanzo a verla saliendo por la reja que da a la calle.
Corro hasta alcanzarla y le grito ¡¿a dónde vas¡?, siento pánico de pensar que se estaba yendo sin avisarme. Ella me mira tranquila y me contesta que va por la tarde a Australia a juntarse con una amiga. ¿Cómo que te vas a Australia? le pregunto, ¿no pensabas avisarme? Ella de nuevo me mira tranquila y me dice, pero si tú te vas a México con tu marido. Yo pienso un en segundo, estoy confundida, y le digo que antes de ir a México quiero irme con ella a Australia, de todos modos es sólo por la tarde (en este sueño las distancias no cuentan). Mi mamá me encuentra razón y finalmente me voy con ella y mi marido a juntarnos con su amiga a Australia.
Ahora estoy en Australia, en una playa preciosa que supongo es Sídney. El ambiente es totalmente playero y muy taquilla; mucha tabla de surf, mucho traje de baño, cuerpos musculosos y bronceados. Está mi mamá, su amiga, mi marido y yo.
Nos separamos para que cada uno aproveche la tarde viendo lo que más le interese. Yo me voy sola directo a unas tiendas de artesanía a ver collares y pulseras típicos del lugar. Estoy en eso cuando me doy cuenta que estoy sola, en un país que no conozco y sin ninguna posibilidad de comunicarme con mi marido; me viene una angustia tremenda. Me devuelvo corriendo al lugar donde nos separamos y voy gritando su nombre; quiero encontrarlo desesperadamente.
Corro mucho rato, el tiempo se me hace largo y siento que nos separamos hace mucho. Se está oscureciendo y estoy cada vez más asustada.
De repente lo veo lejos, entre mucha gente; trato de abrirme paso para que no se me pierda de vista, sigo gritando su nombre, desesperada, asustada, hasta que él me ve. Corre hasta donde estoy y me abraza. Asustado me pregunta si pasa algo y yo le digo que quería encontrarlo, que no me gusta estar sin él.
Suena el despertador.

03.12.09

La Parcela

Posted in General at 11:46 por Frau F

Es la mañana de un día de invierno, está muy nublado y hay mucho viento. El color gris del cielo contrasta con los colores amarillos  y rojizos  de las hojas de los árboles.

 
Voy manejando mi auto por la Autopista del Sol; voy desde Santiago a la parcela de Calera de Tango. Una de mis amigas de la pega va conmigo.

 
Mientras manejo le voy contando a mi amiga cómo era mi vida en la parcela; le cuento de mi casa y de la casa de mis abuelos, le cuento de los juegos en los árboles con mis primos, de los veranos enteros que pasábamos en la piscina, de los paseos en bicicleta, de los perros, de los nombres que le poníamos a las gallinas, de mi casa de muñecas, de los clubs que armábamos por todas partes.

 
A medida que me acerco a la parcela voy recordando todo lo bueno que viví ahí, los momentos felices; mil recuerdos vienen a mi cabeza de golpe, como atropellándose. Son todos recuerdos bonitos, el lado bueno de la historia.

 
Los cumpleaños en el jardín con los amigos, las navidades repletas de gente en la casa de mi abuela, los asados diciocheros, las tardes enteras elevando volantines, los queques de nuez que nos cocinaba mi nana, los panqueques de mi hermana que siempre se le quemaban pero que nos comíamos igual, los merengues hechos a mano batiendo las claras con tenedores, las noches de campamento en el jardín, la pascua de resurrección y los huevitos de chocolate, mi mamá por todas partes. Mi pieza, mis muñecas, mis libros, las tardes de inviernos tejiendo pantuflas con mi abuela, las tardes de estudio y café en la mesa del comedor con mi hermana, los días de lluvia con sopaipillas, las noches de chaparritas y vino con durazno, los cuadro al óleo que pinté.

 
Voy repasando cada parte de la parcela y de mi casa, y cada lugar me trae mil recuerdos; veo las imágenes como fotos, sin movimiento sólo imágenes.

 
Las imágenes vienen desordenadas, sin lógica, son recuerdos de cuando era chica, recuerdos lindos.

 
En cada recuerdo están las personas más importantes de mi niñez: está mi mamá, mi abuela, mi hermana, mi nana y mi tía.

 
Llegamos al camino que lleva a la parcela; está tal como siempre: angosto, lleno de árboles a los lados.

 
Nos acercamos con el auto a mi casa, me bajo del auto y me subo en el parachoques para mirar por arriba del portón; me aseguro que no hay nadie y entramos. Nos quedamos paradas en el jardín sin avanzar ni un solo paso. Miramos mi casa y la de mi abuela, las dos están abandonadas. El pasto está largo, la piscina con agua de lluvia, hay hojas de árboles por todas partes. La vista es desoladora, pero no me da pena.

 
Nos quedamos paradas, una al lado de la otra, no nos decimos nada. Estamos ahí por unos minutos y volvemos al auto.

 
Nos subimos calladas y nos alejamos de vuelta hacia la carretera.
 

03.03.09

Los tres

Posted in General at 8:19 por Frau F

Estoy en una isla caribeña; hay palmeras, arena blanca, mar y hace mucho calor. Estoy lejos de la playa, metida entre matorrales muy altos, que me tapan completamente.
Estoy escondida en estos matorrales mirando a una pareja de jóvenes que se ha alejado de la orilla del mar para estar juntos y tener relaciones.
Es una pareja bastante singular; él es alto, rubio, musculoso, prototípicamente buenmozo; ella es muy baja, morena y rellenita. Van de la mano, desnudos, adentrándose entre las plantas. Se ven muy felices; se miran, se ríen, juegan el uno con el otro. Yo los veo desde atrás.
Se acuestan en el suelo, ella arriba de él, y se enrollan juntos en algo parecido a una sábana; dan muchas vueltas y terminan viéndose como una “gran oruga”. Así, completamente enrollados, tienen relaciones (en realidad supongo que están teniendo relaciones por sus movimientos y sonidos, porque no se ve nada). Yo me quedo escondida, viendo como esta gran oruga se contornea.
De repente, de esta “gran oruga” sale violentamente la pareja, es como si hubieran hecho mucha fuerza para rajar el género y salir. Aparecen con los brazos arriba, acalorados, mojados y contentos.
Se paran, se toman de la mano y caminan juntos hacia el mar y cuando están por llegar a la orilla, ya no son dos, sino tres.  Aparece un segundo hombre.
Este segundo hombre, es bastante mayor que la pareja, debe estar cercano a los 70 años.
Nuevamente, veo desde atrás a la pareja tomada de la mano, pero ahora, este hombre mayor, está tomando también de la mano a la mujer dejándola al medio.
Así, los tres tomados de la mano entran contentos al agua.

02.16.09

Las segundas partes también son buenas

Posted in General at 8:45 por Frau F

Voy a casarme de nuevo; no con otra persona, sino de nuevo con mi marido. Vamos a repetir la ceremonia para que puedan ir las personas que faltaron a la primera,  entre ellas mi mamá.
Ítem por ítem, voy organizando todo de nuevo: vestido, peinado, iglesia, flores, fiesta, etc. Tengo muy poco tiempo para tener todo listo porque el nuevo matrimonio será mañana.
Al ir organizando este nuevo matrimonio, voy recordando el anterior.
Al elegir un nuevo vestido, recuerdo mi primer vestido y recuerdo lo mucho que me gustó, lo linda que me sentía; al elegir un nuevo peinado, recuerdo mi primer peinado y lo bien que me veía con él… y así con todo, la iglesia, las flores, los invitados. Todo lo recuerdo de manera idealizada, como perfecto, como maravilloso.
De alguna manera, no había reflexionado sobre lo lindo que fue ese día, sobre lo feliz que estoy ahora, y al decidir repetirlo, tomo conciencia de lo vivido y lo valoro más.
Al organizar de nuevo mi matrimonio, todo me parece sencillo; decido en un segundo cuál será mi nuevo vestido y mi nuevo peinado, en qué iglesia voy a casarme, las flores con que voy a adornarla, dónde será la fiesta y qué cura me va a casar. Nada me complica, todo fluye, todo sale fácil.
Recuerdo lo lindo, lo bueno y lo positivo de mi matrimonio; las complicaciones, las penas y las dudas desaparecen.
Llega la noche y tengo todo preparado para mañana; soy la novia más tranquila del mundo.

Tengo una lista de pendientes y la chequeo con mi mamá; todo está listo para mi “segundo gran día”  y me voy a dormir relajada.
La siguiente escena es en la iglesia, voy caminando sola hacia el altar y mi marido me está esperando. Nos miramos y sonreímos, y vuelvo a sentir la emoción de ese momento. El ambiente es mágico, todo iluminado con velas y lleno de flores blancas.
Todo es distinto de la primera vez, el lugar, la gente, el cura y cómo me veo, pero una cosa no cambia: mi marido. Está parado en el altar, esperándome con cara de emocionado, un poco tieso, tal como él es, mirándome maravillado. Yo también lo miro emocionada; sé que me estoy casando de nuevo con él y me encanta.

Me siento abrumadoramente feliz, exageradamente feliz.

02.12.09

Entre el bosque y el mar

Posted in General at 7:51 por Frau F

Es media mañana de un día de verano. Estoy en Algarrobo, en el bosque que lleva a la playa El Canelillo.
Voy caminando con mi tía y algunos de mis primos hacia la playa;  yo llevo en brazos una guagua, una niñita de unos tres meses (tengo la sensación de haber soñado antes con esta guagua).
Al acercarnos a la playa nos damos cuenta que la marea está muy alta, tan alta, que no queda arena; el agua llega hasta donde termina el bosque. Nosotros estamos parados en un caminito de madera; este caminito rodea toda la costa.
De repente, sin darme cuenta, mi tía y mis primos desaparecen, y me quedo sola entre el bosque y el mar con esta guagua en mis brazos.
En esta parte del sueño estoy como desdoblada y me veo desde muy arriba; tengo una vista en altura del bosque, el mar, el caminito de madera y de mí con la guagua en brazos.
Me desespero al darme cuenta que mi familia desapareció; miro para todos lados buscándolos, pero no los veo. Me siento atrapada en este caminito de madera, sin saber muy bien a donde ir; tampoco tengo demasiadas opciones, es hacia adelante o hacia atrás, porque a los lados tengo el mar y el bosque.
Camino hacia adelante. Por un buen rato el paisaje no cambia nada, a un lado el bosque y al otro el mar. No hay demasiada luz, los árboles del bosque son tan altos que tapan el sol.
Después de caminar un buen rato, veo una casa adelante y me apuro para llegar a ella; en esta parte del sueño se me quita lo desdoblada. Entro sin pedirle permiso a nadie y sin golpear la puerta siquiera. Adentro, en el living de esta casa, hay mucha gente, pero nadie conocido. Parece una fiesta o algo así, hay mucho ruido, música, mucha comida, se parece a una comida navideña; hay pavo, frutas, adornos por todos lados.
Trato de preguntarles a las personas que están ahí sí han visto a mi familia, pero nadie nota mi presencia, nadie me mira, nadie me habla. Recorro la casa, siempre con la guagua en mis brazos, buscándolos, pero el panorama es siempre el mismo, mucha gente, mucha comida, mucho ruido y nadie me escucha. Me doy cuenta que mi familia no está ahí y me voy.
Vuelvo al camino de madera y de nuevo me siento desdoblada; veo desde muy arriba el bosque, el mar, el caminito de madera y a mí con la guagua en brazos. Ya no siento ninguna angustia, ningún miedo. Mi familia desapareció, nadie va a ayudarme, pero yo tengo la certeza que voy a encontrarlos y que voy a estar bien.
Ya se está haciendo de noche y cada vez está más oscuro. No he parado de avanzar por el caminito de madera y de repente, muy a lo lejos, veo las luces de una ciudad. No sé si mi familia está ahí, pero me siento salvada.
Me voy corriendo hacia las luces con la guagua en brazos.

02.06.09

La mujer barbuda

Posted in General at 15:47 por Frau F

Estoy con mis amigas de la pega al parecer, en un auditórium de una gran empresa para ver una conferencia. El lugar está lleno de gente, todos sentados, conversando. Nosotras estamos instaladas en primera fila.

La conferencia está a punto de empezar; hay un hombre arreglando los micrófonos y las luces del escenario.

Estamos en eso cuando se acerca a mí una mujer; creo que podría ser mi jefa porque viene autoritaria a darme una orden. Me pide que de la bienvenida a todos los presentes y los invite a participar en esta actividad.

Me viene el pánico! Hablar delante de todas esas personas es lo peor que podría pasarme. Me pongo roja como un tomate y siento mis manos mojadas. No quiero hacerlo! le digo, y la mujer se aleja sin mirarme si quiera.

No alcanzo a pensar en nada y el hombre que estaba arreglando los micrófonos anuncia que se dará inicio a la conferencia con el saludo de la señora ¡Frau F!, no lo puedo creer.

Ya sin otra opción, me paro para subir al escenario y dar el saludo, y al hacerlo, veo mi reflejo en una ventana y horror ¡tengo barba!, ¡como puede ser!

Desesperada me devuelvo a mi asiento y le digo a una de mis amigas que no puedo hablar delante de la gente porque tengo barba. Ella me mira con cara de ¿qué estás hablando? y me dice que no tengo nada raro en la cara, que no tengo ni un solo pelo, y mucho menos barba.

Me calmo al escucharla y me paro de nuevo para ir al escenario, pero de nuevo me veo la barba! Es una barba corta pero muy tupida que me llega hasta el cuello. Miro a mi amiga desde donde estoy y le hago una seña para que vea que efectivamente tengo barba y otra vez ella me hace señas para que suba a hablar y me deje de decir tonteras.

Pero yo me veo la barba!

Siento una angustia gigante, me tiritan las rodillas y me cuesta caminar, pero sigo avanzando y me subo al escenario.

El auditórium completo me mira. Yo los miro también esperando alguna reacción por mi barba, pero nada. Nadie se ríe, nadie comenta nada. Digo dos palabras lo más rápido que puedo y bajo del escenario mientras la gente me aplaude, y vuelvo a verme en el reflejo de la ventana, pero ya no tengo barba.

02.04.09

Todos vamos al psicólogo, ¿y qué?

Posted in General at 14:43 por Frau F

Estoy en la sala de estar de mi casa en la parcela; está mi mamá, mi papá y mi hermana. Estamos parados y todos tratan de convencerme de que vaya a un lugar al que no quiero ir. Yo tengo miedo de ir a ese lugar y llorando les pido que por favor me dejen quedarme.
La siguiente escena es en un auto camino a este lugar; supongo que me convencieron o me obligaron a ir. Vamos por una carretera desde la parcela hacia Santiago; reconozco el paisaje. Mi papá maneja, mi mamá va de copiloto, y mi hermana y yo vamos sentadas en los asientos de atrás. Yo no paro de llorar; estoy muy asustada.
Tengo miedo porque sé que en ese lugar tengo que hacer, o me van a hacer, algo doloroso.  De alguna manera sé que tengo que ir, pero no quiero y me asusta.
Llegamos a la entrada de un edificio; estacionamos frente a él en una calle chica y sin mucho tránsito.  Reconozco el lugar; es la consulta de mi psicólogo. Este es el lugar al que me da miedo ir.
Nos bajamos del auto y entramos al edificio; toda mi familia va conmigo. Entramos a la sala de espera de la consulta y aquí me encuentro con mi marido, algunos de mis tíos, primos y amigos. Todos ellos son pacientes del mismo psicólogo que yo y están esperando ser atendidos por él.
La atención es por “orden de llegada”; “nuestro” psicólogo entra y sale de la consulta y nos va llamando de a uno. A nadie parece llamarle la atención que todos estemos ahí, se ven tranquilos y relajados, como si fuera la cosa más normal del mundo. Comentan intrascendencias -ropa, cortes de pelo, kilos, clima, etc.-, leen revistas, tejen; todos están contentos,  pero yo estoy confundida, nerviosa, incómoda con tanta “parentela” junta.
Como fui la última en llegar tengo que esperar que todos sean atendidos antes que yo; los veo entrar y salir tranquilamente, como quien va al dentista. La consulta tiene una enorme ventana que da a la sala de espera, por lo que todos podemos ver lo que pasa adentro, aunque no escuchamos las conversaciones.
Le toca ser atendido a mi marido; él  se levanta para entrar a la consulta y me hace una seña como para decirme algo; me acerco para escucharlo, y en el oído, muy bajito, me pide que lo acompañe, me dice que quiere que entre con él. Yo no quiero hacerlo, me carga la idea y le digo que no.  
La siguiente escena es en la consulta con mi marido y “nuestro” psicólogo; supongo, de nuevo, que me convencieron o me obligaron a entrar. Estamos los tres sentados en círculo, mirándonos, y hacemos unos rituales extraños, como religiosos. Hay poca luz, sólo unas velas iluminan el ambiente.  Nos quedamos muy poco rato en la consulta y salimos; nos despedimos de todos los que quedan en la sala de espera y nos vamos juntos.
Todo parece tranquilo, todo parece normal, común y corriente.

01.31.09

Era solo una niña

Posted in General at 20:20 por Frau F

Estoy sola, sentada en el living de mi departamento; reconozco los muebles y la vista desde las ventanas. Estoy viendo albunes de fotos de hace algunos años atrás; tengo muchos alrededor mío ordenados como en torres. 

Al mirarlos no tengo claro de que época son, pero me llama la atención lo chica que me veo. Voy avanzando las páginas y viendo las fotos; y me sorprende lo mucho que he cambiado. Me veo niñita, con la cara más redondita y el pelo muy largo. Hay un toque de inocencia, de infancia en todas las fotos.

Por lo que veo, me parece que las fotos fueron sacadas en algun parque o en alguna fiesta; yo aparezco con varios disfraces diferentes. Todos los disfraces son primaverales, mi ropa tiene muchas flores, muchos colores, incluso en una aparezco con unas alas como las de Campanita en la película Peter Pan.

Estoy en eso, cuando me detengo a mirar más de cerca una de las fotos y reconozco unos aros que tengo hasta el día de hoy; recuerdo que esos aros me los trajo mi papá de un viaje el año 2001. No puedo creerlo, si tengo puestos esos aros significa que las fotos fueron sacadas después de que mi mamá murió (ella murió a comienzos del 2001). Pero me veo tan chica!! no puede ser!!, pienso.

Al darme cuenta lo chica que era cuando mi mamá murió me da mucha pena. Tenía la impresión de que era más grande y al ver esas fotos me doy cuenta de que era sólo una niña.

Me siento desvalida, desprotegida, asustada y sola.

Por suerte me despierta mi marido con un tremendo abrazo.

01.27.09

El Team

Posted in General at 10:07 por Frau F

Es temprano en la mañana, todavía no amanece y está semi oscuro. Voy camino a la universidad con mi marido.
Estamos cerca del campus y mientras caminamos vamos repasando la materia para una prueba que tenemos a primera hora. Hemos estudiando juntos todos los temas de la prueba y vamos contentos haciéndonos preguntas el uno al otro y tratando de “pillarnos” en algo que no sepamos. Pero sabemos todas las respuestas, así que estamos tranquilos.
Vamos contentos, riéndonos, jugando, abrazándonos, corremos haciendo carreras o caminamos más lento de la mano.
Llegamos a la universidad, entramos a la sala y nos sentamos al final; somos compañeros de curso. La sala ya está llena, somos los últimos en entrar. Incluso el profesor está parado adelante con las pruebas en la mano.
El profesor reparte las pruebas y lee las preguntas por si alguien tiene dudas. Yo lo escucho y mentalmente voy preparando las respuestas; estoy muy confiada porque me las sé todas. Pero cuando el profesor lee la última pregunta, me doy cuenta que ese tema no lo estudié. Tomo rápido un cuaderno que tengo con un resumen de la materia y avanzo las hojas; ¡efectivamente ese tema no lo estudié!
Miro a mi marido con cara de pánico y le digo que la última pregunta no me la sé, que no la estudiamos.  El me sonríe tranquilo y me toma la mano. Sin hablarme me pasa un torpedo con la respuesta de la pregunta que no me sé. Lo tomo y sin sentir ninguna culpa por copiar en la prueba, escribo la respuesta. El me mira mientras escribo, está esperando que termine para irnos juntos.

 
Mi conclusión: mi marido puede ayudarme y quiere hacerlo, y yo estoy dejándolo fuera de todo esto.