01.22.12
LA PIEDRA FILOSOFAL
He cometido varios asesinatos y tropelías y ahora soy prófugo de la justicia. Una familia o grupo extrañamente relacionado con tendencias anarquistas, me protege y da refugio en su casa. El argumento transcurre en una ciudad imaginaria y desconozco los detalles de mis motivos criminales.
La casa en la que estoy “escondido” es también una fabrica de miel en donde todos los productores son la misma familia que me encubre. Esta está ubicada en un edificio donde varias micro empresas se dedican al negocio de la apicultura.
Al momento del sueño voy caminando por la calle, sin temor a la policía, que me está pisando los talones y ya tiene los suficientes datos como para apresarme. En el suelo veo tirada mi mochila que se me habría caído en la ultima persecución o algún otro tipo de alboroto. Un policía y un “civil” hablan en torno a ella. Me acerco con la intención de recogerla pero después dudo si será prudente hacerlo tan descaradamente junto al oficial, ya que quizás sea una prueba que están acordonando. Para salir de dudas voy con ellos a seguirles la platica. El policía le estaba informando al otro hombre que ya están a punto de detener al asesino buscado. Y ahora me cuanta también a mí con tanta insistencia y detalle que sospecho en todo momento, pero sin gran temor ni carga de conciencia, que ya saben que yo soy el autor de los crímenes. El supuesto civil sería en realidad un detective encubierto, según yo (todo esto sin paranoia).
El oficial me muestra unas fotografías del edificio en donde me refugio y me dice que el criminal vive en alguna de las casas departamentales del lugar, aunque sin saber puntualmente en cual de ellas. La fotografías son mostradas a través de un aparato digital, creo que de un iPod touch, y con la tecnología de Google Earth. Intento revisarlas con detalle y por estar avanzando la pantalla me desvío del punto. Luego trato de regresar y el oficial me indica cómo hacerlo pero me insta a que “entre” por una calle que está junto al edificio que buscamos y no entiendo porque lo hace, cuando sabe que no es ahí donde está mi guarida. Me sorprende tal estupidez de la policía en general de desvirase por la tangente y no arrestarme de una maldita vez…
Luego el oficial me explica además que el criminal tendría algo que ver con cierto grupo productor de miel y de tendencias anárquicas. Magicamente aparecemos ahora en la azotea de mi edificio y desde ahí me invita a asomarme al patio trasero de este, en donde se encuentran MÚLTIPLES BLOQUES DE CERA DE ABEJA, DEL TAMAÑO DE LADRILLOS GRANDES. Entiendo que aparte de producir la miel también hay beneficios con la cera. LOS BLOQUES ME PARECEN COMO LINGOTES DE ORO DISPERSOS SOBRE EL SUELO Y FORMANDO PILAS. No dejo de hacer la curiosa relación con gran asombro por la belleza de estos. Esto me produce una extraña felicidad pese a las circunstancias. También descubro que HAY VARIAS Y PEQUEÑAS MANCHAS DORADAS DE CERA DE ABEJA POR DOQUIER. UNA EN PARTICULAR QUE ME RECUERDA UNA CUCARACHA LLAMA MÁS MI ATENCIÓN. ESTA se encuentra en la mediana pared que bordea la azotea. Saco mi iPod de mi bolsillo y le pido al oficial que me tome una fotografía junto a ella. Al instante aparecen alrededor de tres detectives que sacan también pequeñas cámaras digitales para tomarme fotografías, como si estuviéramos en una fiesta de pubertos (uno de los detectives es el supuesto civil que ya había aparecido y otra una mujer afro que llama bastante mi atención, como si ya la hubiera visto antes).
Ya es obvio que están encima de mí. Sólo me queda la posibilidad de moverme de inmediato en cuanto me libe de ellos. Esto sería a otro edificio que sirvió como mi primer refugio, en donde también se produce la miel y la cera. El único inconveniente que encuentro es pensar cuánto tiempo tardarán en volver a encontrarme, por medio de dicha pista.