11.26.10
Gato
Estaba durmiendo y despertaba por unos sonidos como quejidos, dentro de mi cuarto oscuro.
Iba hacia donde se oían los ruidos, parecía un bebé llorando.
Estaba en una caja cerrada con cinta, y en la oscuridad busqué un cuchillo para abrir la caja.
Al meter mis manos en la caja siento algo cálido y suave, lloraba como un bebé pero más parecía un peluche.
Lo levanté y noté que era un gatito negro que no paraba de llorar, no aguantaba que chillara así, parecía como si algo le doliera mucho.
Lo abracé y caminé con él en brazos como un bebé, hasta que dejó de llorar.
Entonces me acerqué hasta la caja abierta y cuando iba a volver a meterlo ahí, hizo un sonido extraño, se retorció y comenzó a descomponerse en mis manos, como una vela derretida, un líquido negro y espeso, como petróleo. Eso me tranquilizó, no sé por qué, dejé caer todo ese líquido en la caja, y la cerré.
Entonces la tomé y abrí la ventana, estaba empañada por el rocío de la madrugada, y el cielo estaba rojizo aunque lleno de nubes. Había muchísima neblina y aún así atravesé la ventana, caminé mucho sobre las hierbas heladas con escarcha, con esa caja sucia en mis manos, hasta donde acababa el suelo, había un nene sentado en el borde.
El viento helado me hacía arder la nariz y las mejillas, volaba mi pelo hacia atrás y me costaba caminar.
Al voltear el nene, ví que era yo de chiquito, todo despeinado como siempre, y con la misma ropa que tenía en ese momento, una camisa color manteca de esas finas que se arrugan fácil, un pantalón como piyama de lo mismo, y descalzo. Se acercó a mí y ví que tenía las manos llenas de barro y sangre, y la cara manchada de barro y muy sucia.
Me quitó la caja y la arrojó hacia donde ya no había suelo, y con su camisa limpió mis manos negras, y me tomó con fuerza las manos, dejándolas sucias de sangre oscura y barro, pero así estaba mejor.