06.30.10

Posted in General at 3:32 por Fyltro

Estoy en la que solía ser mi pieza, más pequeña pero con un muro casi completo como ventanal. Estoy leyendo, pero no recuerdo qué, no le presté atención en realidad. Mi mejor amigo entra a la pieza, viene con cara de felicidad, en realidad no sabría poner en palabras su expresión, lleva una sonrisa trunca, como forzada y cansada a la vez. “Estaba tan chato de la pega, que me fumé unos pitos y me siento demasiado relajado”, me dice. Creo que le respondí algo, fue como si estuviera con “mute”, pero solo para mi, porque él me responde; “demás, oye nos llaman de afuera, bajemos”. Me levanto y lo sigo al patio de atrás de la casa. El patio es parecido al mio en tamaño, salvo una peculiar diferencia, está en declive y además está completamente nevado, raro en Santiago. Al centro hay una mesa, un hombre de unos 50 años, junto a una mujer de edad similar, se sientan uno al lado del otro conversando animadamente. Al vernos llegar me dicen que alguien busca a mi viejo. Esta vez pudiendo escuchar lo que digo, les respondo que mi viejo no está y que ellos lo saben. Aun no termino de decir esto, cuando un hombre  de unos 30 años se acerca rápidamente hacia mi, comienza a hablar pero no le presto atención, la verdad me da lo mismo lo que tenga que decir, ¿se supone que busca a mi viejo no?. él claramente se da cuenta de mi indiferencia y me dice; “lo voy a esperar aquí”, “como quieras”, le respondo y me pongo caminar. Ahí es cuando me doy cuenta, que la nieve está derretida y estoy embarrado entero hasta las rodillas, no es incómodo y no siento frío, de hecho es agradable, la suavidad al caminar, la nieve no hace resistencia y la despreocupación por estar embarrado.
Salí a la “calle”, bueno en lugar de ésta, es una como una planicie en el campo, pero con rocas y arbustos entremedio, sigue todo nevado. Lo primero que hago es mirarme los pies, sigo enterrado casi hasta la rodilla, pero ahora llevo unas botas. Mi mejor amigo a mi lado se rie y me dice; “¿te vas a quedar ahí parado?” “ven, deslizate”. Él también lleva unas botas, se para sobre la superficie y se desliza por sobre la nieve, como si fuera una pista de patinaje pero con el efecto en el terreno que harían unos skies, salpicando nieve en todas direcciones y dejando surcos por donde pasó. Yo, muy naturalmente hago lo mismo, como si ya lo hubiera hecho antes, la sensación es increible, no tengo que mantener el equilibrio ni nada, solo me dejo llevar por la nieve, salto si me topo con una roca para caer suavemente más adelante y sigo deslizandome, me hace feliz hacerlo.

Me topo con un par de niñas en botas rojas, ¿12 años tendrán?, me dicen que tengo que ir a comprar proviciones y que me están esperando. “ok”, les respondo y aparezco en lo que parece ser un ¿supermercado-mall-aeropuerto?, extensas rampas y escaleras mecánicas interminables en todas direcciones. Veo a mi viejo que anda con una de las niñas, cargan unas bolsas, me pasa uan bolsa llena de nueces y otra que no sé lo que contiene. Caminamos, subimos rampas, bajamos otras, hasta que nos encontramos con un grupo de mujeres, ¿mis tías?, hablando sobre hacer trabajar a una niña, haciéndola llevar carga. No se dan cuenta que estamos ahí y hacen caso omiso a que la niña no lleva nada, no me detengo y al pasar a su lado les digo; “como siempre las viejas dedicándose a copuchar y pelar mientras no hacen nada”, no me detuve a escuchar lo que respondieron, no me interesa por lo demás. Escucho música de fondo, cada vez se hace más fuerte, tanto que finalmente me despierto, completamente desorientado. En fin… me pregunto a donde iriamos.